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Peña Nieto le había dicho: “Tú no puedes ser candidata por ser mujer”

MEXICO, D.F. (apro).- “Hay un compromiso con el Partido Verde, María Elena. Será Manuel Velasco (del PVEM) el candidato. Tú no puedes ser la candidata a gobernadora porque eres mujer. Eso te vuelve vulnerable”, afirmó Enrique Peña Nieto, aspirante presidencial priista, en el último encuentro que sostuvieron el exgobernador mexiquense y la senadora por Chiapas, antes de que terminara el 2011 y de que la legisladora formalizara su renuncia al PRI.

Luego de varias negociaciones infructuosas con Pedro Joaquín Coldwell, actual presidente nacional del PRI, Orantes López anunció su renuncia este 16 de enero al tricolor. En su portal oficial http://www.mariaelenaorantes.org, se informa:

“A partir de hoy, María Elena Orantes se declara senadora independiente por Chiapas. Deja el PRI por decisión cupular de entregarlo a partidos minoritarios”.

Y en su cuenta de Twitter, la joven senadora, identificada antes como una de las más cercanas al exgobernador mexiquense, escribió:

“Congruente con mis ideales renuncié al PRI siendo desde hoy senadora independiente. Soy con muchísimo orgullo 100 por ciento chiapaneca”.

También señaló:

“La vida es de decisiones y de temple. Mis valores son los mismos. A seguir trabajando por Chiapas, mi único compromiso”.

La ruptura entre Orantes y el equipo peñista se agudizó a mediados de noviembre de 2011, cuando el expresidente nacional del PRI, Humberto Moreira, negoció sin consultar a distintos actores políticos el convenio de coalición con el PVEM y Nueva Alianza (Panal) para el 2012.

Ese convenio incluyó “candidaturas de unidad” entre los tres partidos para los seis comicios a gobernador, concurrentes con las elecciones presidenciales de julio de 2012.

La nominación de Chiapas se negoció a favor del senador del Partido Verde, Manuel Velasco, quien se ostenta como amigo personal de Peña Nieto y presuntamente cuenta con el apoyo también del actual gobernador Juan Sabines.

Una de las primeras en rebelarse fue la senadora Orantes, al tiempo que otro precandidato priista, José Antonio Aguilar Bodegas, denunció persecución política y judicial por parte de Sabines Guerrero.

Aguilar Bodegas publicó este lunes un desplegado denunciando las maniobras del mandatario estatal:

“La justicia de Sabines es de caprichos y locuras, ya en menos de 24 horas leyeron 12 tomos de mi expediente y 80 de anexos para dictar una orden de aprehensión en mi contra sin sustento ni pruebas que validaran sus mentiras”, advierte Aguilar Bodegas.

Por su parte, Orantes mantiene negociaciones con el jefe de gobierno capitalino Marcelo Ebrard y con el aspirante presidencial perredista Andrés Manuel López Obrador para concretar la posibilidad de ser postulada por la coalición PRD-PT-Convergencia para la gubernatura de Chiapas.

Orantes se convierte así en la primera legisladora federal priista, precandidata a una gubernatura, que renuncia al PRI luego de las negociaciones de Peña Nieto con el Panal y el Partido Verde.

También se ha mencionado al exgobernador, exsenador y exsecretario de Gobernación, Manuel Bartlett, como otro

destacado priista que se saldrá del Revolucionario Institucional para ser postulado como candidato a senador por Puebla por parte de la coalición de izquierda.

Fuente: Proceso

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Las juventudes de Peña Nieto

Seguro que usted también conoce a uno. Tienen menos de 30 años, por lo que nacieron a mediados de los 80, y no tienen empacho alguno en revelar que son “fans” de Enrique Peña Nieto.

Son jóvenes que no vivieron la represión del PRI en 1968 y cuyos padres tampoco se preocuparon por contarles esa historia. Por ello no saben quién era Gustavo Díaz Ordaz y no relacionan a Tlatelolco con una matanza de estudiantes. Tampoco se lamentan de que el PRI haya encubierto a dicho expresidente y jamás permitido su juicio.

Tampoco habían nacido en 1976, cuando José López Portillo obtuvo el 93.5% de los votos en unas elecciones presidenciales en las que su único contrincante fue José López Portillo. Mucho menos recuerdan cuando éste, emocionado por los recursos petroleros, prometió “administrar la abundancia” para después entregar un país en la miseria, con más del 90% de inflación, con un peso devaluado y con una deuda de más de 59 mil millones de dólares.

Apenas tenían un año de vida o acaso sus madres veinteañeras estaban embarazadas cuando a Miguel de la Madrid Hurtado lo derrumbó el temblor de 1985 en la Ciudad de México y no supo cómo reaccionar ante la catástrofe, incluso rechazando la ayuda internacional. Eran apenas unos bebés cuando a su secretario de Gobernación se “le cayó el sistema” y declaró como su sucesor a Carlos Salinas de Gortari, el hombre que prometió conducir a México al primer mundo y al que en el camino, el país se le perdió, con todo y su hermano.

Esos jóvenes peñanietistas cumplieron tal vez quince años cuando Ernesto Zedillo le entregó el país a Vicente Fox y por eso no entienden cuando a Denise Dresser se le sale un “cuando me dicen antipriista lo veo como un piropo” porque no recuerdan las peores prácticas del PRI.

Ese PRI de los “carros completos” y los acarreos. Ese PRI de la deuda de Humberto Moreira en Coahuila y el silencio de Peña Nieto ante ello. El PRI que lleva casi 12 años sin saber ser oposición. El PRI que creó el monstruo del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación y a su lideresa, la intocable Elba Esther Gordillo, que ha causado un desastre educativo.

El PRI que se monta en una plataforma socialdemócrata, apoyando el reconocimiento legal de parejas del mismo sexo con una ley en Coahuila, pero el mismo PRI que “blindó” la Constitución de Yucatán para evitar los “matrimonios gays”. El PRI que se alía con el PAN para criminalizar a las mujeres por decidir sobre su cuerpo en 18 estados de la República. El PRI con desorden de identidad, el PRI de Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Ese PRI que siente que México le debe todo y que ya se ve de regreso en Los Pinos ante la incompetencia de los gobiernos panistas y los más de 50 mil muertos que dejará este oscuro sexenio. El PRI dividido que en el Senado con Manlio Fabio Beltrones apoyó la reforma política, pero que en la Cámara de Diputados, con legisladores del grupo de Peña Nieto, se opuso tajantemente a ella y la mutiló.

A los jóvenes peñanietistas no parece importarles que Peña Nieto haya mentido en su informe de gobierno al señalar que el número de homicidios dolosos y que el robo de autos disminuyeron en su sexenio. A esos jóvenes no les importa, son fans de Peña Nieto y lo quieren en Los Pinos, con todo y su “Gaviota”.

¿Por qué se da este fenómeno? Quienes nacieron después del 85 votaron por primera vez en la presidencial de 2006. Así que lo que ell@s han vivido más intensamente han sido los dos sexenios del PAN. Much@s de esos jóvenes votarán por primera vez en 2012 y para ellos el regreso del PRI a Los Pinos sería una alternancia, en lugar de un retroceso.

Cabría preguntarse también si Peña Nieto está haciendo algo bien. El control de su imagen tal vez sea su mayor acierto, pero también el hecho de que ha sido él, junto a Beltrones, quienes se adelantan a los demás precandidat@s al proponer lo que harían de llegar a la Presidencia.

En sí, un triunfo del PRI no sería un retroceso democrático. Si el PRI gana la contienda presidencial de forma limpia, veríamos a la democracia funcionando en su sentido más minimalista. Como dice el politólogo Adam Przeworski, “la democracia es un sistema en el que los partidos ganan y pierden elecciones… y en el que hay ganadores y perdedores en diferentes momentos”.

El problema es que Peña Nieto no ha roto con lo peor de su partido y de su tradición en el poder. El problema es que el escándalo de Moreira era una buena oportunidad para que el aspirante presidencial pidiera la renuncia de Moreira y en cambio le dio su “total respaldo”. El problema es que Peña Nieto no ha demostrado qué significa ese “nuevo PRI” que pregona. El problema es que Peña Nieto ya está en las redes sociales, graba twitcams y twittea, pero lo siguen mapaches cibernéticos y cuentas creadas por sus estrategas electorales, cortesía de Eruviel. Y el problema de fondo es, me temo, que l@s jóvenes peñanietistas son de esos nuevos votantes a quienes el partido no importa, sino el candidato.

 

Autor: Politólogo e Internacionalista Genaro Lozano

Twitter @genarolozano

Querida Paulina Peña Pretelini

No tengo el gusto de conocerte personalmente. No sé cómo eres, desconozco tus cualidades, tus aficiones, tus intereses. Entiendo tu molestia al escuchar las críticas a tu padre, Enrique Peña Nieto. Son gajes del oficio. Deberás irte acostumbrando a los ataques contra él. En una democracia, la crítica es un ejercicio fundamental. Tu padre es una figura pública y, por ende, sus actos serán juzgados con rigor. “¿Por qué son tan duros con él?”, te preguntarás. Bueno, los funcionarios públicos ganan mucho dinero. Hay miles de personas dispuestas a sufrir críticas y cuestionamientos con tal de figurar en la nómina oficial. El sueldo bien vale esos golpes. ¿No?

Pero no es de tu padre de quien quiero hablar, sino de ti. ¿Te confieso algo? Me aterra que hayas utilizado la expresión “hijos de la prole” como un insulto. Insisto, es disculpable que te enfades por la burla hacia tu padre. No me asustaría que los llamaras “babosos”, “tontos”. Es más, no le preocupa el que nos hayas llamado “pendejos”. En cambio, no se puede excusar tu menosprecio a los hijos de los trabajadores, de los obreros.

¿Oíste del escándalo de las Ladies de Polanco? Descalificaron a un policía llamándolo “asalariado”. Algo similar hiciste tú: descalificas a la mitad del país por su condición social. ¿Qué tiene de malo ser hijo de un obrero? Sabes, yo soy nieto de un minero, un proletario. No me da vergüenza decirlo. ¿Te avergonzarías de tu padre si fuese un vendedor de tamales o un plomero?

Tu padre, que ha leído la Biblia, te puede recordar una frase de Jesús en el Evangelio: “De la abundancia del corazón, hablará la boca”. Sin pretenderlo, con tus palabras has revelado tu clasismo. Desprecias el trabajo manual. Minusvaloras a quienes se mantienen con su esfuerzo. ¡Qué tristeza que así piense la hija de un candidato presidencial!

“Hijos de la prole” son, en efecto, quienes estudiaron en escuelas públicas, quienes utilizan el metro, quienes no comen cortes argentinos y quesos españoles, quienes no utilizan zapatos de miles de pesos, quienes no se atienden en el hospital ABC, quienes no viajan en helicóptero. Los hijos de la prole, por el contrario, deben hacer largas horas de filas en las clínicas del seguro social, deben comer carbohidratos (tortillas), deben estudiar en salones sin computadoras, deben apretujarse en los transportes públicos. Los hijos de la prole, querida Paulina, ganan en un año lo que tu padre gana en una semana.

Cuando leas estas líneas has el siguiente ejercicio. Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares, aretes. Suma el total. ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro?

Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias.

Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?

Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños.

Paulina, haz puesto en riesgo el futuro político de tu padre. Pero lo que es más grave: pones en peligro en riesgo el futuro de México.

 Héctor Zagal

Fuente: http://www.noticiasmvs.com/blogs/el-banquetazo/querida-paulina-pena-pretelini-807.html

Peña Nieto en su jugo

ÁLVARO DELGADO

“La verdad es que no me gusta leer”, le confesó Enrique Peña Nieto a Manuel Espino cuando éste le regaló, en 2008, un ejemplar de su libro Señal de alerta, en el que describe el lado oscuro de Manlio Fabio Beltrones, rival de ambos. “Voy a pedirle a mis asesores que me hagan unas tarjetas con lo más importante”.

Espino me compartió esta anécdota poco después de su encuentro con Peña Nieto, a quien yo había entrevistado para Proceso, en octubre de 2004, cuando se perfilaba para suceder a su tío Arturo Montiel, y su retórica tortuosa para evadir una definición pública de su ambición me hicieron decirle que era un político viejo a sus 38 años de edad.

–Habla usted como si tuviera 68, diputado –le dije, en el café Balmoral, del hotel Presidente, donde me citó.

–No, puede no convencerte, pero estoy convencido de esa disciplina partidaria, que ha sido una fortaleza de los priistas. No quiere decir que no se pueda, internamente, diferir. Se vale. Pero a final de cuentas debe imperar una disciplina partidaria. En la historia hay ejemplos: El Ejército y la iglesia.

Ahora que es víctima del escarnio por el ridículo que hizo en la presentación de su libro México, la gran esperanza, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) –peor aún que en la entrevista con Jorge Ramos cuando no recordó de qué había muerto su esposa y a cuánto asciende su patrimonio–, hay quienes critican a sus asesores por no haberlo preparado para una pregunta obvia, pero pienso distinto: Es positivo para los ciudadanos ver tal cual es a quien quiere gobernar México.

La descarnada ratificación de lo que Peña Nieto le confió a Espino es de extrema gravedad para México no porque en 2012 se dispute un concurso de erudición literaria, como algunos minimizan este episodio de vergüenza, sino porque la aversión al conocimiento que se adquiere a través de los libros, como es el caso del virtual candidato presidencial priista, exhibe lo que verdaderamente piensa de la educación.

No en balde los grandes proyectos educativos en México los protagonizaron intelectuales de la talla de Justo Sierra, José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez, Gilberto Guevara Niebla y Jesús Reyes Heroles, mientras que la decadencia ha sido obra de personajes tan frívolos y corruptos como Vicente Fox y Elba Esther Gordillo, justamente mentora ésta de Peña Nieto.

La educación es, también, fuente de valores cívicos y morales que son clave para el desarrollo de una nación y, al contrario, al desdeñarse, sobreviene la ruptura del tejido social y se gestan fenómenos tan repugnantes como la corrupción, el crimen y la guerra.

Sólo la ausencia de ética o moral permiten que un gobernante corrupto como Montiel sea encubierto por su sobrino, Peña Nieto, y exactamente por lo mismo los priistas de la cúpula aclamaron a Humberto Moreira la renuncia a la presidencia de su partido sin exigirle cuentas por el monumental endeudamiento de más de 34 mil millones de pesos, la mitad al menos contratada de manera ilegal.

De manera que la ignorancia de Peña Nieto no es sólo un “error” libresco, como quiere hacer creer, sino una concepción de México y del mundo en el que los principios éticos están sometidos a la consecución de fines sin importar los medios.

La reacción de Paulina Peña Pretelini, hija de Peña Nieto, es también lamentablemente reveladora de una pobreza educativa. A través de la cuenta de Twitter de su novio envió, la medianoche del domingo, este mensaje: “Un saludo a toda la bola de pendejos, que sólo forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian”.

Se entiende que la joven tilde de “pendejos” a los críticos de su padre, ofuscada por la mofa que concitó el papelazo que hizo en la FIL –donde fue custodiado por Raúl y Trinidad Padilla, que controlan la Universidad de Guadalajara–, pero la expresión “prole” revela sobre todo un desprecio por los pobres.

Y como escribió José Emilio Pacheco en Las batallas en el desierto, si los indígenas no fueran al mismo tiempo pobres, nadie utilizaría la palabra indio como insulto.

Es obvio que la joven Peña Pretelini no usó la palabra “prole” en la acepción coloquial –“conjunto numeroso de personas que tienen algún tipo de relación entre sí”–, sino en el sentido discriminatorio: Proletarios, asalariados, pobres, jodidos.

Angélica Rivera, mujer de Peña Nieto, piensa lo mismo, pero va más allá, según sus propios mensajes en Twitter:

“Osea (sic) sí, el PRI fue corrupto y mentiroso, pero ya supérenlo, no sean resentidos. Carlos Salinas ha sido el mejor presidente de México, me consta”. “No, los Zapatistas eran revoltosos que estaban poniendo en peligro la estabilidad de las empresas. Salinas hizo bien en mandarles al Ejécito.”

Y más de la actriz conocida como La Gaviota: “Osea (sic), yo creo que si los indios quieren salir de donde están que se pongan a trabajar y dejen de estar de flojos o violentos, como en Atenco”. “Enrique no se arrepiente nada por lo que pasó en Atenco, la verdad se lo merecían, sólo perturban la paz de todos los que sí queremos trabajar”. “Por eso dije que Salinas hizo bien cuando mando al Ejército a esos indios revoltosos, osea que se pongan a trabajar y amen a México también”.

Es el mismo nivel de insulto que las actrices Azalia Ojeda y María Vanessa Polo Cajica, a quienes se conoce como las “Ladies de Polanco”, profirieron a policías capitalinos que las reprendieron con insultos discriminatorios: “pinches asalariados de mierda”.

El lenguaje de estas cuatro mexicanas es usual en el mundillo de la farándula auspiciada por Televisa y copiada, tal cual, por Televisión Azteca y demás remedos televisivos, y es el que, ante el desdén del Estado en su deber formativo, se imparte a los millones de mexicanos.

Por esa misma razón, Televisa y todo el amasijo mediático que lubricaron los multimillonarios contratos con el erario del Estado de México callan o disimulan la ignorancia de Peña Nieto, un personaje que, ni modo, puede llegar a gobernar este país.

En 2006, Andrés Manuel López Obrador cometió el error de emplear una expresión desafortunada para exigirle a Fox no entrometerse en el proceso electoral –“cállate, chachalaca”–, y ahora Peña Nieto ha sentido el rigor de Twitter, en el que, por primera vez, se librará también la disputa presidencial.

Y es preciso recordar a Jesús Reyes Heroles: “En política únicamente se comete un error. Todo lo demás es consecuencia…”

 

Apuntes

Por cierto, la asesora de Peña Nieto en redes sociales es Alejandra Lagunes Soto Ruiz, exgerente de ventas de Google México y exdirectora general comercial de Televisa Interactive Media. Pero, además, es esposa de Rafael Pacchiano Alamán, diputado federal del Partido Verde y miembro de la “telebancada” controlada por Televisa.

Minimiza Peña Nieto su error al confundir autor; “claro que leo”

No tiene trascendencia pregunta de si leo, lo hago ocasionalmente, con el límite que da mi responsabilidad.

El virtual candidato priísta a la presidencia, Enrique Peña Nieto, minimizó su error al citar al autor de una de sus lecturas favoritas y aseguró que “no tiene trascendencia mayor trascendencia la pregunta de si leo, claro que leo ocasionalmente y en las limitaciones que mi responsabilidad me da”.

“Este dislate, esta confusión, a cualquiera pudo ocurrirle. Yo dejaría ahí este episodio”, dijo.

Sobre las críticas a lo ocurrido durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, señaló que muchas son creativas e incluso divertidas, y que tienen lugar gracias a la democracia que existe en México, a espacios de libertad impensables en otros tiempos.

“Hay algo que destaco, primero reconocer la creatividad, sobre todo la atención que la gente pone a un evento como, bueno, lo que ocurrió. Y lo más importante es ver cómo en nuestra democracia la sociedad está muy pendiente de quienes tienen responsabilidad pública y de quienes aspiran a tenerla, me parece que es un valor de nuestra de democracia”, sostuvo durante una entrevista en Radio Fórmula.

“Puedes, eventualmente, cometer una falla, algún error, y es algo que ocurrirá, pero lo más importante, insisto, es este gran valor que tenemos hoy en la democracia de tener entre toda la población la libertad de expresión plena, total y que hoy a través de las redes sociales tengan un espacio para hacer toda clase de comentarios”, señaló. El sábado, Enrique Peña Nieto mencionó entre las lecturas que más lo han marcado La silla del Águila, “de Krauze”, aunque el libro lo escribió Carlos Fuentes, y otros cuyo títulos u autores no recordó.