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Exigen ocho síndicos que desaparezcan las policías comunitarias y que se libere a su par de Olinalá

Ocho síndicos de municipios de La Montaña pidieron la presentación inmediata de su homólogo de Olinalá, Armando Patrón Jiménez, que está retenido por la Policía Comunitaria de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), acusado de borrar evidencias de dos homicidios y de abigeo.
A su vez, exigieron, “la desarticulación total los grupos subversivos llámese CRAC, autodefensas o Sistema de Seguridad Ciudadano que se encuentran fuera de todo marco legal”.
En una rápida conferencia realizada en el pasillo del Ayuntamiento de esta ciudad, en donde no participó ninguna autoridad de la administración petista, Javier Vázquez Ayala, quien se presentó como vocero del grupo de síndicos que se formó en la región para el mejor desempeño de sus funciones leyó el documento que enviarán al gobernador, Ángel Aguirre Rivero, y posteriormente al presidente, Enrique Peña Nieto.
En el documento dicen que son ciudadanos indígenas y que en su calidad de síndicos de diversos municipios exponían su desacuerdo en los acontecimientos del miércoles 14 de agosto cuando su homólogo fue “vejado, injuriado, atentado en sus derechos humanos elementales y privado de su libertad en la modalidad de secuestro por individuos que se dicen ser defensores de los pueblos”.
En ese sentido exigieron la presentación inmediata, con vida y capacidades intactas de Patrón Jiménez y que se reinstale en las funciones para lo que fue electo de forma legal y constitucional. Piden el restablecimiento del Estado de derecho.
En la misiva exigen, “la desarticulación total de los grupos subversivos llámese CRAC, autodefensas o Sistemas de Seguridad Ciudadanos que se encuentran fuera del marco legal, ya que como indígenas no les han otorgado facultades para que los cuiden y lo único que han hecho es trastocar el Estado de derecho sin que el gobierno estatal haga cumplir la ley”.
Piden que se aplique la ley “caiga quien caiga” por la privación de la libertad del síndico de Olinalá y que responsabilizaban al gobierno de lo que les pase por haber suscrito el Lee el resto de esta entrada

Cochoapa el Grande: contrastes en la miseria

En uno de los municipios más pobres del país, la desnutrición, las bajas expectativas de vida y la emigración de jornaleros contrastan con el despilfarro en la construcción del ayuntamiento.

COCHOAPA EL GRANDE, Gro.- Sobre las piernas de Paulina descansa una libreta tamaño profesional. En ella hay una lista de números en inglés que lee pausadamente: “Two hundred and sixty two, two hundred and sixty three…”. Junto a ella, a su lado derecho, su hijo mayor la escucha con atención desde una sillita de madera. Del otro lado, sentado en el piso de tierra con las piernas encogidas y las manos cruzadas, su hijo menor atiende también con interés a su madre, quien repite con acento mixteco una a una las cifras anglosajonas. La inusual lección se da a la sombra de la modesta terraza hecha de lámina y madera de la casa de Paulina en Cochoapa el Grande, Guerrero, el municipio más pobre del país.

 

Paulina y sus hijos habitan la entidad donde 95.9 por ciento de la población vive en situación de pobreza y 82.6 por ciento vive en condiciones de pobreza extrema; es decir, 12 mil 424 de sus 15 mil 41 habitantes no tienen para satisfacer sus necesidades básicas. Los datos pertenecen al reporte titulado “Medición de la pobreza en México 2010”, presentado a principios de este mes por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), organismo encargado de medir las políticas sociales y la pobreza en nuestro país. En él se indica, además, que 11.7 millones de mexicanos viven en pobreza extrema y que dos mil 212 municipios, es decir 86 por ciento de los dos mil 456 que hay en México, tienen al menos la mitad de su población en situación de pobreza.

 

La situación que sufre Cochoapa no es nueva: ya en el “Índice de Desarrollo Humano en México 2000-2005”, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se equiparó el grado de desarrollo humano de la entidad con los de pueblos de Zambia y otros países que integran el África subsahariana.

 

“Estudio inglés en la escuela de aquí del INEA (Instituto Nacional para la Educación de los Adultos) y les enseño a mis niños”, dice Paulina a sus 20 años, mientras golpea nerviosa el cuaderno con su pluma. Además de estudiar, Paulina es una de las cientos de mujeres que están a cargo de su hogar en el municipio debido a que su esposo, como miles más, emigró a Nueva York desde hace varios años, empujado por la falta de oportunidades laborales en la entidad. Ante la creciente miseria de la región, sus hijos parecen prepararse hoy con las lecciones de inglés de Paulina para, en un futuro no muy lejano, tener el mismo destino que su padre. Y aunque Estados Unidos es el lugar preferido por los habitantes de Cochoapa, los hombres y mujeres de las 120 poblaciones que componen la localidad también migran como jornaleros hacia otros estados de la República.

Paulina enseña inglés a sus hijos. La emigración hacia Estados Unidos es una constante en el municipio. Foto: Julio García Godínez

Paulina enseña inglés a sus hijos. La emigración hacia Estados Unidos es una constante en el municipio. Foto: Julio García Godínez

Construcción del auditorio de Cochoapa. Foto: Julio García Godínez

Construcción del auditorio de Cochoapa. Foto: Julio García Godínez

MIGRANTES JORNALEROS

Unos metros adelante de la casa de Paulina, José Flores corta leña con su hacha. Un grupo de niños descalzos y de escasa ropa, entre los que se encuentra su hijo, lo observan trabajar. “Yo vendo leña y trabajo el campo, cuando hay”, señala a M Semanal mientras los chicos juegan entre las puertas y las ventanas de las casas que rodean el patio de tierra. José pertenece al grupo de hombres que va y viene como jornalero a diferentes entidades, como Sinaloa, Jalisco, Chihuahua o Baja California, porque aquí el campo está agotado y las cosechas de maíz entre los cerros son escasas, a pesar del maravilloso paisaje de bosque de montaña compuesto principalmente de pinos y encinos que rodea a Cochoapa. Lejos de su tierra, familias enteras de esta región realizan largas y difíciles jornadas que van de la madrugada hasta que se mete el sol durante cuatro meses por unos 90 pesos diarios, para volver con sus familias con algo de dinero en la bolsa y sobrevivir el resto del año.

 

Cornelio, un hombre de 25 años, está sentado junto a la desvencijada cancha de basquetbol ubicada en el centro de la cabecera municipal. Explica que él mismo ha salido a buscar el jornal en otros estados durante la cosecha de jitomate o chile por la falta de trabajo en Cochoapa. “Yo no soy de aquí (de la cabecera municipal)”, señala, en una mezcla de mixteco y español, “soy de un pueblo de allá arriba en la montaña, pero vengo acá para ir a Tlapa”, recorrido que le cuesta hasta 400 pesos en taxi y le toma dos horas y media por una intrincada carretera que, a pesar de haber sido inaugurada en 2010, hoy presenta graves daños estructurales por falta de mantenimiento. En tiempos de lluvia —de mayo a octubre— este camino se cierra y deja incomunicados a los poblados de Cochoapa y Metlatónoc, municipio también presente en la lista de pobreza extrema del Coneval y de quien Cochoapa se separó en 2003 para formar un nuevo ayuntamiento con la ciudad de Tlapa de Comonfort, ubicada a 80 kilómetros.

 

Mismo caso es el de Natalio, de 31 años, quien frente al sitio de taxis asegura que “a veces siembro, y a veces no”. Ante esta realidad, Román Hernández, del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan, sostiene que el Estado mexicano ha incumplido con la tarea de generar condiciones de vida que vayan más allá de los programas asistencialistas como Oportunidades, que sólo “perpetúan la pobreza”, y que les permitan a los hombres y mujeres de Cochoapa encontrar una forma de vida sustentable en su misma comunidad. Eulalia, originaria de este municipio, es una chica de 24 años que también colabora en el centro de Tlachinollan, y aclara que mucha gente tanto de la localidad como de los 17 municipios que componen La Montaña, ha migrado a Tlapa debido a que “en Cochoapa no hay bancos; entonces, no pueden recibir el dinero que les envían de fuera. La mayoría del dinero se queda en Tlapa, por eso allá hay tantas tiendas y casas”.

La pobreza del municipio se equipara con la de África. Foto: Julio García Godínez

Un niño atraviesa un charco en una de las calles del poblado. Foto: Oswaldo Ramírez

INSULTO A LA POBREZA

“¡Antonio Barrera tiene llamada!”, se escucha en los altavoces del pequeño zócalo del pueblo. “¡Antonio Barrera tiene llamada!”, insiste el sonido, mientras la música de una banda de viento resuena en el interior de la pequeña iglesia de Cochoapa. Repentinamente, en el atrio del templo un grupo de personas se agolpa, y hablan rápido en mixteco. Hay gritos y confusión. Entre el revoloteo se alcanza a ver a dos hombres que discuten fuertemente hasta que uno de ellos tira el primer golpe. La música de la banda no se detiene. Los golpes mezclados con los gritos de los implicados se oyen secos. Tras el grito de varias personas un grupo de policías municipales corre hacía el atrio para separar a los rijosos. Aún aturdido por los golpes y la temprana borrachera de mediodía, uno de ellos es llevado detenido al opulento ayuntamiento que ha sido calificado por la prensa del estado como un “insulto a la pobreza”.

 

El edificio puede considerarse casi como un rascacielos en medio de esa miseria. Es un inmueble de concreto y tabicón de tres pisos de alto, múltiples oficinas —que en su mayoría permanecen abandonadas—, estacionamiento y balcón para el Grito de Independencia, aunque al momento de su inauguración el recinto no contaba con agua corriente. El presidente municipal, el perredista Daniel Esteban González, informó en 2010 que la inversión para el nuevo palacio del ayuntamiento ascendería a ocho millones de pesos, cifra 20 por ciento mayor a los recursos presupuestados para el 2010 por concepto del Ramo 33 (aportaciones de la Federación para los municipios) para Cochoapa el Grande, y casi la tercera parte del fondo para la estructura municipal (Ramo 28) de ese año. Hoy, a un costado se construye un amplio auditorio también de tres pisos de alto. Eulalia dice que actualmente Metlatónoc y Cochoapa se disputan por tener el palacio de ayuntamiento más grande, a lo que hay que agregar la ampliación y colocación de concreto hidráulico en la avenida principal del pueblo.

 

OPORTUNIDADES SIN FUTURO

Desde la casa de Cecilia Lorenza Ortiz se puede escuchar la banda de viento que no para de tocar. La mujer dedica toda la mañana a limpiar su casa y a tostar maíz para después molerlo y convertirlo en “chilate”, una especie de atole para desayunar. Cecilia dice no recordar la última vez que comió carne. Su dieta se reduce a frijol, ejotes, maíz y quelites. La mujer confunde al reportero con un inspector de la Secretaría de Desarrollo Social, y preocupada muestra su hogar y resalta las horas que dedica a su limpieza: una de las exigencias de médicos y funcionarios de la dependencia para garantizar el apoyo de 800 pesos bimestrales que aquí reciben 640 familias, dinero que, según Eulalia, no siempre reditúa en buena alimentación y salud, ya que alrededor del lugar de pago hay venta de alcohol y comida chatarra. Cecilia dice que no vive todo el tiempo aquí: “Vengo de lunes a viernes, cuido a los niños. Yo soy de allá arriba”. A pesar de tener 32 años, parece una mujer mayor. Desde el umbral de la puerta dos sobrinos de Cecilia miran curiosos con sus vientres hinchados por la desnutrición.

 

En este municipio el promedio de vida de un bebé nacido en 2005 fue de apenas 40 años, un abismo de diferencia entre la Ciudad de México, ubicada a tan sólo 408 kilómetros, donde la esperanza de vida es de 77 años. Aquí, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, uno de cada cinco niños muere antes de cumplir el año de vida, y los que sobreviven tienen fuertes problemas de desnutrición, lo que les acarreará problemas de salud a lo largo de su vida. A pesar de que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó en 2010 que en el municipio existen ocho médicos, este semanario pudo corroborar que sólo dos despachan desde en la cabecera municipal. Si una persona necesita hospitalización tiene que viajar a Tlapa, el único hospital para los 17 municipios de la montaña. Cuenta con 35 camas.

 

Cecilia agrega que es una de las pocas mujeres por la cual no pagaron cuando se casó, costumbre que, junto a la siembra, raspado y extracción de goma de amapola, es práctica común en estas tierras, lo cual enturbia aún más el futuro de las altas montañas de Guerrero.

 

Julio I. Godínez Hernández / Enviado

Fuente: Milenio Semanal