El despeñamiento

"Si yo fuera presidente"

En junio se cumplirán tres años de la publicación “Si yo fuera presidente. El reality show de Peña Nieto” del periodista Jenaro Villamil. Tres años son suficientes para menguar el interés de una investigación periodística; la de Villamil, por el contrario, adquiere peso y relevancia ahora. Su libro despeja dudas acerca del encumbramiento, a través de una televisora con dominio mediático absoluto, de un exgobernador originario de Atlacomulco, ahijado político del corrupto e impune Arturo Montiel y heredero de una dinastía que abrazó Carlos Hank González.

“Si yo fuera presidente” documenta el modo en que Televisa y Enrique Peña Nieto se congraciaron para fabricar durante siete años la imagen de un estadista capaz y exitoso de acuerdo a un guión que trataría al político como a un personaje de espectáculo y a la ciudadanía como una audiencia cuyo rating iría, día a día, elevando. Si la realidad posterior al libro no sólo justifica cada uno de sus argumentos sino además los actualiza sin mostrarle un yerro, es porque Villamil pudo descifrar este guión a partir de evidencia clara (acuerdos, contratos, facturas, informes); un guión que, de no modificarse, pondrá a Peña Nieto en la silla presidencial a partir del primero de julio de 2012.

Desde hace décadas, explica Manuel Castells, “la televisión se convirtió en el epicentro cultural de nuestras sociedades; y esta modalidad de comunicación es, sobre todo, un nuevo medio, caracterizado por su capacidad de seducción, su simulación sensorial de la realidad y su fácil comunicabilidad a lo largo de las líneas del menor esfuerzo psicológico”. La televisión acabó por convertirse en el nuevo centro del hogar. El acuerdo medular entre Televisa y Peña Nieto consistió en la compra de este espacio sacro. Para ambos el negocio ha sido redondo.

En 2005, Peña Nieto, gobernador entonces del Estado de México, empleó 742 millones de pesos para su “plan de comunicación política”. De ese dinero 691 millones se destinaron a publicidad televisiva, que incluía no sólo spots sino también espacios informativos, además de asesoramiento por parte de TV Promo, propiedad de Alejandro Quintero, ejecutivo de Televisa, para asesoría mercadóloga.

Se pagaron 180 notas informativas en noticieros (Loret de Mola, Adela Micha, López Dóriga, Lolita Ayala, etc.) (306 millones de pesos), tres reportajes (6 millones), seis entrevistas (43 millones) y tres programas en Zona Abierta de Aguilar Camín (10 millones). En tiempos comerciales se introdujeron cápsulas informativas y reportajes sobre el desempeño del gobernante. También se pactaron enlaces en vivo al festejo en Toluca por la Independencia y otros actos. Se incluyeron 42 publirreportajes en las revistas Eres, Cosmopolitan, Vanidades, TV y novelas y Caras, entre otros impresos de Televisa (42 millones de pesos).

El primer objetivo fue deslindar a Peña Nieto de los actos de corrupción de Arturo Montiel cuya fortuna personal se calcula en 50 millones de dólares. El 12 de diciembre de ese año, Peña Nieto se negó a entregar al Congreso la declaración de bienes de su antecesor. Finalmente la Contraloría estatal exoneró a Montiel, lo que facilitó el distanciamiento –en imagen- de uno y otro. En septiembre de 2011 Montiel reapareció junto a Peña Nieto y dirigentes del PRI en el primer acto público de Eruviel Ávila como gobernador del Estado de México. Ya habían pasado seis años, suficientes para maquillar aquella herida imposible de cerrar. Siete años en que los acuerdos entre Televisa y Peña Nieto avanzaron sin mayor contratiempo. El contrato de 2005, intitulado “Plan de trabajo”, incrementó a 800 millones y hasta mil millones de pesos en 2008 y en 2009. En el año de la crisis económica mundial, Peña Nieto disminuyó la inversión en gasto social y obras públicas 5.6% pero incrementó 18% la inversión de “Comunicación pública” o marketing y demás propaganda.

Limpia la imagen del corrupto que lo había guiado, sólo quedó fortalecerla, engalanarla. La empresa Cepol entrenó a Peña Nieto y sus allegados para hablar en ruedas de prensa y entrevistas. A la agencia Olabuenaga –creadora de la campaña publicitaria “Soy totalmente Palacio”- se le pagó 7 millones 200 mil pesos para el diseño de imagen del gobernador y sus secretarías y dependencias. Se instaló también un “war room” y un Comité de Comunicación para asesorar permanentemente a las oficinas del gobierno. A la empresa Filmmates se le dieron 10 millones de pesos para la producción de spots televisivos. Filmmates como Cepol, TV Promo como Radar Servicios Especializados y otras empresas que aparecen en el pacto, están vinculadas a Televisa.

Con cualquier pretexto se introdujo a Peña Nieto en programas de entretenimiento como Hoy del canal 2, sin descontar costosos spots durante telenovelas como “La madrastra” o “Rebelde”, programas como “Big Brother” o partidos de futbol. Nada más faltó endilgarle una esposa, actriz de telenovelas, y así se hizo; Peña Nieto reconoció que sus asesores mediáticos eligieron a Angélica Rivera, “La Gaviota”, como imagen del Estado de México.

“Según sus asesores mediáticos –escribe Villamil- se trataba de colocarlo en las simpatías del círculo verde, expresión propia de la mercadotecnia política para aludir a las audiencias masivas, carne de cañón de los programas de mayor rating”. En 2007 y 2008 el círculo verde trascendió las fronteras mexiquenses y alcanzó la opinión pública nacional. Entonces se abrió el camino a la presidencia.

La compra multimillonaria de espacios se hizo extensiva a TV Azteca y otros medios. Estos gastos han sido maquillados e incluso eliminados de registros, como demuestra el periodista al comparar documentos de IBOPE con datos oficiales.

Dos ejemplos para significar las cifras, dos escenas del guión. Corresponsales del periódico Reforma encuentran tres camiones de Televisa a las afueras del teatro donde se ensaya el último informe de Peña Nieto. Por si alguien pregunta qué hacen ahí, tapan mal su logo con cinta adhesiva y cartones. Nadie creerá que fueron a hacer una cobertura periodística y no un auge audiovisual que finalmente resulta, con un dispendio de recursos, cámaras y alta tecnología. Otra: en 2007 un diputado opositor reprocha a Luis Videgaray, secretario de finanzas del Estado de México, que Peña Nieto acuda a inaugurar una calle en Tezoyuca que ha alumbrado por 100 mil pesos y al día siguiente promocione su acto en el canal 2 en un segmento de 30 segundos que se cotiza en 350 mil pesos.

La publicidad como información. La fabricación de la realidad a partir de la fabricación de noticias. No es la primera vez que se persigue este interés. La misma empresa Televisa, junto a García Luna, secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón, recreó un apresamiento para la pantalla en lo que mejor se conoce como el “caso Florence Cassez”. En Inglaterra News of the world (NotW), con un tiraje de 2.8 millones de ejemplares cada domingo, incurría sistemáticamente en filtrajes a llamadas telefónicas, entre ellas las del príncipe, actores, modelos, políticos y una lista de cuatro mil personas. Sobrepasando toda ética, Televisa quiso engañar a su público y acabó por estropear las evidencias para el enjuiciamento de la francesa Cassez. Por su parte, NotW hurgó en el celular de una adolescente desaparecida (finalmente se le halló asesinada), ocultando evidencia para la investigación policiaca. Cuando, en Inglaterra, el hecho fue revelado NotW fue inmediatamente liquidado. En México, el caso Cassez ha causado repudio internacional y todavía no se sabe los alcances legales que tendrá. A fuerza de parecer real se introduce la farsa en la realidad, pero no acaba de ser débil, de titubear a la hora.

Continúa Manuel Castells: “Los medios de comunicación, y sobre todo los medios audiovisuales de nuestra cultura, son sin duda el material básico de los procesos de comunicación. Vivimos en su entorno y la mayoría de nuestros estímulos simbólicos proceden de ellos (…) La televisión formula el lenguaje de la comunicación social”. Esto hasta la llegada de internet, cierto, pero faltan años para que el efecto de internet tenga un impacto tan poderoso como el que concentran los imperios en comunicación.

Peña Nieto, el gobernador que, entre todos, invirtió más para autopromoverse, tiene cerca la presidencia del país. Durante siete años y en crescendo, el 70% de los hogares mexicanos presenciaron el nacimiento y arrasamiento de su imagen a través de Televisa. Meses antes de las campañas por la presidencia (en las que se destinará a Peña Nieto otros mil 299 millones de pesos) había una opinión generalizada de la inevitable llegada del priísta al puesto más alto del poder ejecutivo.

Detrás de la imagen no sólo está el dispendio indiscriminado y los pactos con una televisora, están otros favores –como la defensa a la “Ley Televisa”, que practican integrantes de todos los partidos- que le quedará debiendo. Está la ambición del grupo Atlacomulco, la corrupción de Arturo Montiel, la contribución de Peña Nieto a la impunidad de su padrino y al maquillaje y ocultamiento de sus propios gastos. Está una nueva generación de príistas que busca enriquecerse a través de la moda que suscita la imagen. La represión de su gobierno en el caso Atenco nunca esclarecido donde los policías asesinaron a dos jóvenes (uno menor de edad) y violaron a 27 mujeres. Su incapacidad como gobernador en la urgencia de los feminicidios (922 mujeres asesinadas entre 2005 y 2010 de las maneras más brutales) o de la epidemia AH1N1. Su latente torpeza y cruda ignorancia que asomaron en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Su amistad con altos jerarcas de la Iglesia como Onésimo Cepeda que se traduce a intentos por modificar los artículos constitucionales que preservan la laicidad en la vida pública de México. Apenas se esbozan aquí algunas líneas del libro de Villamil, que mejor ahonda estos y otros puntos.

Extraido desde: www.canalpersuado.wordpress.com

Publicado el 29 abril 2012 en Lo que hay que leer, Política y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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